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No es exagerado y de ninguna manera gratuito afirmar que las esferas de piedra, descubiertas en el Pacífico Sur de Costa Rica, están entre las más impresionantes muestras de arte de toda la América prehispánica.  

Se han encontrado centenas de ellas y aun hoy continúan apareciendo esferas en el Delta del Diquís y lugares aledaños. ¡Como si brotaran de la tierra!  

Sus diámetros oscilan de entre unos pocos centímetros y los 2.5 metros , de la misma manera sus pesos van desde varios kilos hasta superar las 16 toneladas. Su perfección es alucinante.  

¿Quien las hizo? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Donde? ¿Para qué?

Son algunas de las preguntas que científicos de todo el mundo han tratado de contestar en sus investigaciones, desde su descubrimiento oficial en 1939.  

Este libro no tiene la intención de formular un nuevo paradigma que pretenda debelar el misterio ancestral de las esferas de piedra, ni plantea ninguna novedosa teoría fantástica, matemática, religiosa o filosófica acerca de ellas.  

Nuestra sencilla finalidad es poner en manos del público una información general y sintetizada de lo que hasta ahora se sabe y se desconoce acerca de estos enigmáticos monolitos.  

            En estas páginas hemos compilado los descubrimientos más relevantes de los últimos 60 años de investigaciones arqueológicas y antropológicas que involucran esferas de piedra en Costa Rica.  

            Durante años la única información, de fácil acceso, con respecto a estas fascinantes esculturas amerindias, ha sido el pequeño texto que acompaña la exhibición de esferas en la sala Doris Stone del Museo Nacional de Costa Rica.  

            Transcribo a continuación su contenido textual:  

“Las esferas de piedra fueron símbolos de rango y posibles demarcadores territoriales durante la época precolombina en Costa Rica. Han sido encontradas en áreas públicas y cementerios.

Se han encontrado alineamientos rectos, curvos y triangulares que sugieren una relación con eventos astronómicos en función del ciclo agrícola. Su fabricación inicia en el 500 d.c pero en el 800 d.c es cuando se incrementa su elaboración. La mayor concentración de esferas de piedra ha sido registrada en el Delta del Diquís, formado por los ríos Térraba y Sierpe. También se han encontrado en otras áreas del Pacífico Sur. Su tamaño va desde unos pocos centímetros hasta 2.5 metros de diámetro y su peso hasta 30 toneladas. Se desconoce el procedimiento específico usado para lograr su esfericidad. Las rocas en que se esculpieron las esferas son principalmente gabros y areniscas, que se encuentran en canteras a más de 20 kilómetros de los sitios en donde fueron encontradas.”  

Nuestra labor en las próximas páginas será la de ampliar y corregir tan escueta información.  

En realidad son escasos los estudios serios acerca de las esferas de piedra, publicados hasta la fecha. Lo cual no significa que se le haya restado importancia a su investigación.

Desafortunadamente la mayoría de los trabajos están en idioma inglés, francés o alemán y aún no disponemos de sus traducciones castellanas. Otras importantes investigaciones sencillamente no se han publicado.  

En los postreros meses del año 2003, recorrí todas y cada una de las librerías de San José en busca de libros referentes al tema, mas no logré encontrar un solo título, en ningún idioma.  

Esto me decepcionó en gran manera, pero me hizo comprender la causa por la cual el pueblo costarricense en su mayoría, ignora la magnitud del excepcional tesoro arqueológico exhibido en su tierra.  

De tal manera cuando un extranjero le pregunta a cualquier ciudadano:

¿Qué me puede decir de esas inmensas bolas de piedra? Nadie sabe dar una respuesta.  

            Pero esto no es culpa del pueblo, sino de un sistema educativo que no incluye en su programa ¡en ninguno de sus niveles! una sola cátedra que ilustre a los estudiantes acerca de los maravillosos monolitos esféricos, de factura precolombina exclusivos del país y soberbios representantes de nuestras raíces e identidad nacional.  

            El Banco Central de Costa Rica decora sus billetes de cinco mil colones con esferas, pero la generación de mis abuelos nada supo de ellas, la de mis padres tampoco, la mía envejeció esperando a que se nos informara mejor del asunto. Por el mismo camino va la generación de mis hijos y nietos.          

Hemos esperado por muchos años, que los profesionales en la materia compartan con nosotros (el pueblo) sus hallazgos de manera sencilla.   

Ojala sean ellos benevolentes con mi persona por atreverme a escribir el libro que salí a buscar y no encontré.  

La infructuosa pesquisa en las librerías enardeció mis ánimos y armado con la terquedad de que soy capaz, regresé a casa, desempolvé las notas que sobre el tema colecto desde el año 1976. Conforme las encontraba entre libros, bitácoras de viajes, cuadernos viejos, hojas sueltas, etc. las fui transfiriendo al ordenador.

Luego me acuartelé en la biblioteca del Museo Nacional, para releer las ya empolvadas disertaciones de Stone, Lothrop y Baudez.  

Aparte de estos importantes pero ya veteranos estudios, logré encontrar dentro de un mare mágnum de información, pobremente clasificada, varios artículos de reciente impresión, relacionados con el tema de mi interés. La mayoría de los cuales han sido escritos por la destacada arqueóloga costarricense Ifigenia Quintanilla, quien es considerada como la máxima autoridad mundial en la investigación, estudio y análisis de las esferas de piedra de Costa Rica. Estudié además otros trabajos importantes realizados por Francisco Corrales, Adrián Badilla y el antropólogo norte-americano John Hoopes.  

La posibilidad de una inminente declaratoria por parte de la UNESCO que pondría a las esferas del Diquís en la lista patrimonial de la humanidad y el desarrollo del fantástico “Parque Temático de las Esferas” iniciado desde 1998, me dio la falsa esperanza de encontrar sobrada información, debidamente catalogada y disponible al público. Pero aparentemente este asunto no constituye prioridad alguna dentro de los planes de gobierno y quien desee obtener información de primera mano deberá armarse de paciencia y tiempo para rebuscar el conocimiento deseado.  

En la Internet , de los muchos sitios que mencionan las esferas del Diquís, solo tres o cuatro me parecieron de interés, el resto contiene exagerada invención o bien repiten lo mismo.  

Si mi lector está en Costa Rica, o tiene la posibilidad de visitarnos, le recomiendo un viaje más educativo.

A tan solo 255 kilómetros de la capital y con un excelente servicio de buses, se encuentra el hospitalario pueblo de Palmar. Tropical distrito del cantón arqueológico de Osa.  Allí cualquier vecino del lugar le puede señalar donde están los sitios con esferas. Sin lugar a dudas lo sorprenderá la gran cantidad de estos impresionantes monumentos que colman el paisaje y no podrá evitar reflexionar un poco acerca del ancestral misterio que los cobija.  

            Antes de emprender la redacción de estas letras, desalojé de mi mochila viajera a las sedentarias arañas que por mucho tiempo la habitaron y embalé en ella el grueso legajo de notas compiladas. Decidí irme de vacaciones al pueblo de Palmar. Aquí resguardado bajo la sombra milenaria de las esferas, inicié la composición de este libro.

            Debo confesarlo: No tenía la menor idea de por donde empezar, pues el género literario utilizado en él es para mí una aventura por demás temeraria.  

            Divagando entre el insolente silencio de las hojas blancas, comencé el manuscrito con letras inseguras.

            Buscando asideros en la memoria recordé mi primera incursión al Delta del Diquís, allá por el año de 1976, -desde entonces guardo apuntes de mis averiguaciones- miré con recelo el viejo hatajo de papeles amarillentos de aquellas épocas.

            Revisándolos con nostalgia decidí sacarlos de la ecuación porque hube de admitir  que más del 80% de esos registros no podían ser utilizados en esta monografía, por tratarse de informaciones acopiadas de corte pseudo científico, esotérico, fantástico o de invención popular.

            Todas esas propuestas han llamado mi interés. No desprecio la imaginación, ¿como hacerlo?  ¡Soy un escritor de ficciones! Pero este tratado es una excepción a mis letras.

            El derrotero planteado en él, va orientado principalmente por la senda de los descubrimientos arqueológicos y su popularización.  

            Dejo en sus manos este libro, con la sincera esperanza que en un futuro cercano podamos conseguir mas títulos acerca de tan apasionante tema.

 

Alberto Sibaja

Palmar Norte, enero 2004

 

 

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