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¿Cuándo fueron descubiertas?

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A finales de la década de los años treinta, la corporación United Fruit Company inició sus trabajos en la zona del Diquís. Su misión: sembrar miles de hectáreas de plantas de banano. Mismo terreno que en aras del progreso hubo de ser deforestado de manera meticulosa. Los árboles y cientos de especies vegetales y animales, perdidas para siempre, no opusieron resistencia a las hachas, cierras mecánicas, tractores y demás maquinaria de la prosperidad.  

Miles de objetos arqueológicos incluyendo las afamadas estatuas de base espiga y esculturas zoomorfas, aparecieron por aquí, por allá y acullá.  

Los vestigios fueron removidos fácilmente conforme el acero de nuestra civilización avanzaba inexorable.  

Toda tumba el la región fue profanada y saqueadas sus ricas ofrendas fúnebres. Los restos mortales de antiguos reyes y poderosos sacerdotes fueron a parar junto a los escombros de la floresta.  

Pero aquellos impecables trabajos de “limpieza del bosque” para la optima preparación de los campos de siembra, chocaron de frente con la rebeldía de unas imponentes rocas redondas de tamaños y volúmenes diversos.  

Conforme se adelantaba en la empresa, las estorbosas pelotas de piedra mostraron un rasgo en común: su forma increíblemente análoga.  

Los peones contratados, informaron a su patrón inmediato del problema. Este era el estadounidense George P. Chittenden, quien trabajaba como explorador y comprador de tierras para la United Fruit Company en el Delta del Diquís, además tenía a su cargo las operaciones de “limpieza”. Chittenden ordenó desalojar las esferas que podían ser palanqueadas y empujadas por los tractores, -Si son redondas rodarán- dijo a sus subalternos, mas hubo de esperar a que maquinaria especializada llegara a la zona para desalojar a las mas pesadas.  

En San José Chittenden informó del hallazgo a su compatriota, la arqueóloga Doris Stone, ella le suplicó encarecidamente que no moviera más los objetos hasta que pudiera analizarlos.  

-Casi todos ya han sido removidos, pero dejaré futuros descubrimientos en su lugar, en tanto no demore usted mucho su llegada.- prometió el capataz.  

La arqueóloga llegó a las fincas bananeras en abril de 1940, bajo el sofocante calor de la estación seca. La devastación de los sitios de interés científico la decepcionó de gran manera, sin embargo dedicó casi un año de estudios en la zona. La doctora Stone realizó una serie de investigaciones, mas le fue imposible obtener una datación coherente de los monolitos, ni esclarecer su posible origen y por supuesto tampoco logró hallar evidencias arqueológicas que justifiquen la perfección de su manufactura.  

En 1943 publicó sus observaciones. En agradecimiento al funcionario de la compañía bananera registró el nombre de George P. Chittenden como el descubridor de las gigantescas esferas de piedra en el Delta del Diquís.  

Los pioneros trabajos de la doctora Stone han sido de gran importancia para los estudiosos que la precedieron.  

Ella observó muchos grupos de esferas y se enteró que estas estuvieron acompañadas por grandes estatuas de piedra que representaban figuras de animales y humanas. Hoy los astrofísicos que estudian en épocas de equinoccio y solsticio los alineamientos de las esferas, lamentan la perdida absoluta de la posición exacta de estas inmensas estatuas, pues al ser relevadas de sus primigenios lugares se perdió con ello la observación de las sombras reflejadas por el sol en su trayectoria anual aparente (eclíptica) y su posible utilidad como calendario astronómico.  

La doctora Stone fue la primera en percatarse que en toda la zona del Diquís, no existen canteras del material utilizado en la fabricación de las esferas. Además pertenecen a ella las primeras observaciones de alineaciones.  

Anotó en sus cuadernos de campo:  

“La finca 7 tiene la colocación más rara de esferas y las más grandes de todas las que he visto... en un área de 300 varas encontramos 10 bolas distribuidas en una línea este-oeste levemente curvada. Cuatro de ellas miden 1.70 metros , las otras seis 1.52 metros ... además vimos otra, aislada de estas con una dimensión superior a los 2 metros y un peso calculado en 16 toneladas... debajo de las esferas hay una plataforma de guijarros destinada a fijarla y evitar su hundimiento... de no ser por su inmenso volumen y acabado minucioso, las asociaría con las que vi en Tenampuá, en el interior de Honduras, en Llano Sula, Travesía y Benjeviejo, pero se parecen mucho a las dos de Honduras Británica, aquellas también son de granito aunque su dimensión no supera los 56 cm ... Es precisamente la extraña inmensidad de estas bolas, su gran tamaño, lo que plantea el problema de su posible uso... supongo que una de las funciones hubo de ser la de delimitadores territoriales”  

Samuel Lothrop 1963Años después, en 1948, el reconocido arqueólogo Samuel K. Lothrop, experto en civilizaciones indígenas americanas, regresa a Costa Rica para continuar su trabajo en la Península de Nicoya, pero se topa con un país en revolución, los combates se desarrollaban desde la capital hasta la frontera con Nicaragua. Oportunamente es invitado por la Dr.Stone para visitar el Delta del Diquís, asegurándole un lugar alejado de las escaramuzas. Lothrop quedó fascinado por la riqueza arqueológica del Delta. Con el consentimiento de los jerarcas de la compañía bananera, montó campamento en el lugar y dio inicio a su exhaustiva investigación.  

En 1963, quince años después, el museo Peabody de Cambridge, Massachussets, U.S.A. publica sus investigaciones bajo el titulo: “Archeology of the Diquís Delta Costa Rica”.  La obra de Lothrop no ha sido traducida al español.  

Si bien, este experto en civilizaciones precolombinas no logró formular conclusiones categóricas con respecto a la cultura de los “Dikís” ni a sus monumentales esculturas esféricas, fue él junto a la Dr. Stone quienes constituyeron la avanzada de posteriores descubrimientos.   Doris Stone y Samuel Lothrop 1948

Desde su incidental hallazgo en 1939 un numeroso contingente de científicos he investigadores de todo el mundo, especialistas en diversas ramas, intentan dar respuestas a las principales interrogantes que plantean las esferas.  

Sin embargo a partir de la década de 1990, cualquier información seria que logremos recabar nos remitirá inexorablemente a las exhaustivas investigaciones, realizadas desde entonces y hasta la fecha, por la arqueóloga costarricense Ifigenia Quintanilla Jiménez.

La confección de este libro no hubiese sido posible sin el recurso de sus tesoneras exploraciones.

 

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 © Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica ® Siböwak

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