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¿Cómo fueron hechas?

BLOG DE COMENTARIOS

 

             Para desengaño de los vendedores de “Misterios irresolubles” la manufactura en piedra de esferas monumentales, no alberga indescifrables secretos, ni fue una obra imposible de realizar por parte de los aborígenes amerindios .  

            Si bien el análisis de cualquier objeto artificial, no siempre nos puede develar su razón de ser o significado profundo, la configuración de la cosa misma nos orientará hacia las muchas maneras, humanamente posibles, de su fabricación.

            Las esferas de piedra del Diquís no constituyen excepción alguna a esta posibilidad.  

            Cuando se trata de objetos arcaicos complejos, (esferas monumentales, por ejemplo) tendemos a atribuir la obra a dioses o demonios. Esto por la simple costumbre moderna de considerar a las gentes prehispánicas (si de asuntos americanos se trata) como a infantes de subdesarrollada capacidad cerebral.

            Las letras siguientes pretenden mermar esa costumbre.  

Vendedores de enigmas

            Antes de abordar el tema, no puedo resistir la tentación de hacer el siguiente comentario:

            Los vendedores de enigmas no se caracterizan por develarlos, eso seria como matar a la gallina de los huevos de oro. Ellos no responden preguntas. En cambio son versados en formular interrogantes pomposos, basados en premisas por lo general falsas, o recurren al artilugio amarillista de exagerar datos. Veamos un ejemplo:  

Incompetencia científica

            “¿De que manera pudieron lograr unos primitivos de la edad de piedra, sin la concepción matemática del número pi, sin la actual tecnología láser, sin maquinaria de movilización, etc. esferas gigantes de absoluta perfección?

            La antropología oficialista insiste en atribuir a burdas gentes prehistóricas, la inmaculada obra de los dioses.

            Pero si los salvajes precolombinos hicieron las esferas ¿Por qué no existe indicio alguno de las primitivas herramientas que utilizaron? ¿Quien ha visto una esfera a medio hacer?

            ¡No hay canteras de piedra a cientos de kilómetros de donde aparecieron las esferas! ¿Cómo se explica el traslado de miles de toneladas hasta los sitios de hallazgo?

            La precisión en los alineamientos de las esferas indicando rutas marítimas y mapas estelares ¿fue dispuesta por bárbaros que ni siquiera desarrollaron la escritura?

            Es un hecho comprobado ¡Los aborígenes de Costa Rica no conocieron el hierro, ni la rueda y jamás poseyeron animales de tiro! Pero la arrogancia científica no quiere reconocer su rotundo fracaso en el gran misterio que rodea a las esferas de piedra…”            

            Postulados de este calibre abundan en la Internet , las revistas esotéricas, la prensa, algunos libros y programas televisivos.

            Los cazadores de misterios jamás llevarán sus cámaras a “Olla Cero”. Pequeña población agrícola, situada en el mismo Delta del Diquís a pocos kilómetros de Palmar Sur, en las faltas de la Fila Grisera , rica en yacimientos graníticos. 

            Allí pueden ver, entrevistar, fotografiar y filmar a un humilde artesano que reproduce esferas con los mismos materiales de las hechas hace dos mil años, sin usar herramientas de hierro (sus cinceles son de piedra), sin sofisticados cálculos matemáticos, sin tecnología láser y por supuesto sin auxilio extra planetario.  

Hombres y mujeres del pasado

            La evolución fisiológica del cerebro humano no ha experimentado ningún avance significativo en los últimos doce mil años (cuando menos). Siendo así, entre los “burdos primitivos” de la edad de piedra y nosotros, la humanidad electrónica del siglo XXI, las diferencias son meramente culturales.       

            La inteligencia de los hombres y mujeres que poblaron antaño el Delta del Diquís y toda América, no fue mayor ni menor a la nuestra.

            Por tanto abordaremos la medular pregunta ¿Cómo fueron hechas las esferas pétreas de Costa Rica? apelando al sentido común, (aunque no sea este el más común de los sentidos) la lógica elemental, la experiencia humana en el ramo de la cantería y escultura, agregando unas gotas de imaginación para visualizar el proceso.

            Pero ante todo, estudiaremos el asunto, con respeto y admiración por las culturas que nos han antecedido en la historia.  

Bolas naturales esfera natural, Eslovakia

            Antes de otorgar a tribus antiguas la creación de las esferas, fue necesario demostrar de manera irrefutable su artificialidad. Pues al principio se creyó eran caprichosos productos de la naturaleza.      

            Esta sospecha se fundamentó en el conocimiento previo de inmensas bolas pétreas de formación natural, registradas en diversas partes del mundo. Polonia, Nueva Zelanda, Portugal, México, Eslovaquia, Australia, Túnez, Escocia, para mencionar algunos.  

Esferas artificiales

            Los primeros científicos involucrados en el análisis geológico de las piedras redondas de Costa Rica, estuvieron de acuerdo al formular su postulado general:

“Los monolitos esféricos del Diquís no son formaciones naturales. Fueron esculpidos por manos humanas”  

            La observación de tres factores fundamentales fue concluyente para confirmar la intencionalidad humana de semejantes formaciones:

            1) El tipo de material de los monolitos no se ha encontrado en la naturaleza conformando esferas.

            2) Se observaron huellas de cincelado intencional en las muestras.

            3) Se encontraron evidencias de diferentes grados de picado y pulido manual en las muestras analizadas.  

Sin embargo aun no se descarta la sensata posibilidad de que la naturaleza haya creado las preformas (bolas irregulares de piedra) siendo estas acabadas por los aborígenes de la zona.

            Esto debido a la propiedad natural que posee el granito de ser exfoliado por la acción natural y milenaria de los agentes atmosféricos. No se han encontrado preformas naturales de granito, pero la probabilidad de su eventual formación deja abierta la tesis.     

 

¿De que están hechas?

La materia prima

            Las esferas fueron fabricadas en tres tipos de piedra:

a) grano-dioritas: nombre dado a varias rocas ígneas relacionadas entre sí, en general de color gris o gris oscuro. Las rocas son cristalinas, tienen grano grueso y se componen en su mayor parte de sílice y alúmina, con algunos óxidos de hierro, cal y magnesio.  

b) gabros: nombre general de un gran grupo de rocas ígneas granulares. Son los equivalentes intrusivos del basalto, y están compuestas por feldespatos. Las rocas son pesadas y a menudo verdosas.  

c) calizas: son rocas compuestas por materiales conformados por la acumulación y consolidación de materia mineral pulverizada, depositada por la acción del agua y, en menor medida, del viento o del hielo glaciar. Pertenecen junto a las areniscas al tipo común de rocas sedimentarias.

 

Los yacimientos

            Los principales yacimientos de los dos primeros materiales, se encuentran en las faldas de la cordillera de Talamanca a muchos kilómetros de los sitios arqueológicos que muestran esferas. Sin embargo los investigadores no descartaron la posibilidad de encontrar afloramientos más cercanos.

            Así lo hicieron. Recientes exploraciones han dado con vetas importantes de estos tipos de roca, localizados en las filas montañosas que rodean el Delta, especialmente en la Cordillera Costeña.  

            Los gabros y grano-dioritas son rocas muy pesadas del grupo ígneo granular (graníticas) y mucho más duras que las calizas, areniscas y el mármol. Su extracción es por tanto, mucho más difícil.  

            Este tipo de rocas cristaliza a partir del magma enfriado de forma muy lenta, a grandes profundidades bajo la corteza terrestre. Según las condiciones bajo las cuales el magma enfríe, las rocas que resulten pueden tener grano grueso o fino.  

            La grano-diorita y los gabros fueron los materiales más usados por los prehispánicos escultores de esferas, siendo rara la aparición de las llamadas esferas blancas de piedra caliza, pese a que los yacimientos de este material son los más cercanos y abundantes en el Delta.  

            La producción de esferas se basó en el uso de piedras duras y resistentes como lo son estas variaciones del granito. La clara intención de nuestros escultores indígenas, fue la de crear monumentos de alta resistencia y duración.  

            Evidentemente desde el principio, los artesanos Dikís estuvieron claros en los resultados por obtener.  

 

Una larga tradición

            Su manufactura se dio en un ininterrumpido periodo que abarca más de un milenio. No aparecieron de la noche a la mañana ni fueron una especie de moda fugaz.            

            Por más de mil años los escultores del Delta y sus alrededores, labraron esferas. En el transcurso de ese milenio se gestaron grandes transformaciones políticas, religiosas, tecnológicas y culturales en la región. Las aldeas crecieron junto a la agricultura. La cerámica innovó formas y matices. La arquitectura de las viviendas experimentó notorios cambios. La metalurgia llegó para deslumbrar a todos con preciosas joyas de oro y cobre. El desarrollo de la navegación trajo consigo las riquezas del comercio. Toda herramienta de trabajo evolucionó. Y en medio de la espiral dinámica de la vida, la creación de esferas se mantuvo intacta.  

            Quiero recalcar la idea de una sociedad prehispánica, los “Dikís” que desarrolló y mejoró, (conforme a las tecnologías surgentes en las diversas épocas de su evolución) la instrumentación adecuada para transmutar amorfas moles de granito en monumentos esféricos de gran belleza, pulimento y perfección. Para lo cual requirieron de conocimientos empíricos de matemática y geometría aparte de los principios de mecánica básica para movilizar masas voluminosas y pesadas.  

            La destreza para lograr la redondez de sus esculturas, requirió de una comprensión detallada del patrón de fractura en las rocas elegidas (esto es su conducta ante el mazo y el cincel) y de técnicas comunes a otros objetos escultóricos como lo son las de picado y pulido.  

            Es improbable que tal discernimiento fuera adquirido, de la noche a la mañana, por la iluminación mística algún poderoso chaman. También es difícil imaginar a los artesanos indígenas produciendo esferas casi perfectas valiéndose de cálculos mentales y a simple vista. 

            Más bien tal destreza parece ser el resultado de una larga tradición escultórica, en la cual se fueron acumulando y transmitiendo por lega-monismo (de boca a oído) de una descendencia a otra, las técnicas y dominios necesarios para realizar la obra.  

            La tradición escultórica de los “Dikís” y sus ancestros fue amplia.  

            Crear esferas fue sin lugar a dudas el trabajo manual de artesanos altamente especializados, quienes poseían una sabiduría antigua, acumulada por generaciones en el trabajo de la piedra.  

            Antes de hacer esferas dominaban ya las pericias del cincel. Basta con observar la estatuaria de la región para comprender esto. Los metates, por ejemplo, requirieron de mayor destreza y precisión que las mismas esferas, las inmensas lapidas fúnebres son verdaderas obras de arte, las esculturas zoomorfas y antropomorfas, sencillamente exquisitas.  

            Por tanto, los hacedores de esferas, ya habían ensayado con la densidad de diversas rocas y sus relaciones entre peso y volumen. Conocían la dureza, estructura y textura de los materiales y la aptitud de estos para dejarse dividir, devastar, labrar y pulimentar.  

            Observaron por cientos de años la mayor o menor resistencia que presentan las diversas rocas al deterioro por la acción del tiempo y los factores atmosféricos. En suma, conocían su oficio.  

            De tal manera estos artesanos supieron seleccionar con gran cuidado la materia prima óptima para sus diversos propósitos.  

            Cientos de monumentales esferas sobrevivientes hasta nuestros días, evidencian la preferencia ancestral de aquellos escultores por las rocas de granito a las sedimentarias. Además demuestran que esta producción especializada no fue escasa, sino más bien abundante, por tanto de gran demanda.  

            El granito es compacto, pesado, duro, difícil de labrar, pero muy duradero y se deja pulir fácilmente. Cuando este material es alisado y pulido se asegura su conservación, pues entre menos irregularidades presente una roca granulosa, es mayor su resistencia al medio ambiente.  

            Las calizas son más fáciles de trabajar, poco duras pero menos resistentes, además no permiten pulido, si se da afinamiento a la superficie la erosión destruirá en muy corto plazo todo el trabajo            

            Por tanto el componente categórico para la elección de la materia prima de las esferas, no fue de ninguna manera la facilidad de éste al ser esculpido, sino más bien la duración a largo plazo y la virtud de las piedras escogidas para permitir delicados tratamientos de superficie.  

¿De que manera las hicieron?

Echando mano –como lo he venido haciendo- de las investigaciones aportadas por Ifigenia Quintanilla, y de algunos otros datos extraídos de distintas ramas de la ciencia: geología, antropología, arqueología, psicología y por supuesto los aportes históricos del arte de la escultura y cantería, describiremos una verosímil manera de cómo pudo fabricarse, en tiempos prehispánicos, una granítica y monumental esfera.  

El núcleo de la esfera

            Localizada la cantera se enviaron cuadrillas de trabajadores para limpiar el terreno con azadas. Libres de estorbos los especialistas aborígenes, armados con instrumental primitivo pero eficaz, escogieron su bloque o núcleo de la esfera, golpeando en la cantera con pesadas masas para verificar la calidad de la materia prima a obtener. Esta debió de estar libre de fracturas e intrusiones que dañaran la integridad del producto terminado.             

            Luego de haber sido seccionado el bloque, en medio de una algarabía de gritos de alerta, ordenes categóricas, uno que otro chiste soltado por allí y sus consecuentes risotadas. Los trabajadores movilizaron la materia prima haciendo uso de crujientes palancas y pesados troncos de rodaje, que en su acción desperdigan la corteza, esponjándose algunos en el camino.  

            Poleas dispuestas en asideros próximos multiplicaron la fuerza de los nervudos brazos, que tiraban con decisión de las chillonas cuerdas vegetales. Estas no siempre resistieron, dejando tras su ruptura a más de una viuda y sus consecuentes huérfanos.  

            Los menos fuertes pero dotados de mayor agilidad se lanzaban hacia las cuñas de soporte para cambiarlas constantemente de lugar, hasta colocar el pesado granito en el taller, previamente construido en la misma cantera o muy cerca de ella. Dispuesto en un lugar lo suficientemente plano para movilizar, con relativa holgura, el bloque obtenido para el trabajo.

 

El taller de la preforma

            La infraestructura básica para manipular el bloque, requirió de un área techada.  

            Recordemos que la región del Diquís es una de las más lluviosas del país con precipitaciones anuales que oscilan entre los 3500 a 5000 milímetros . Allí cae agua durante casi nueve meses al año. Agreguemos temperaturas de más o menos 30 grados centígrados y la techada se nos hace indispensable. Además desde cualquier enfoque, elaborar una escultura monumental no es un proyecto a corto plazo.  

            Si bien aquellos indígenas no inventaron los centros comerciales tipo “mall” tampoco fueron tan estúpidos como para dejarse matar por las inclemencias del tiempo antes de terminar su obra.  

            Por tanto el taller propuesto esta enclavado en un área amplia, fresca, ventilada, con buena iluminación y parcialmente techada con hojas de suita, para proteger a los trabajadores del fuerte sol y la abundante lluvia.        

            Afuera el canto de las aves, el aullar de los congos y algún gruñido de jaguar en celo, es opacado por el claro murmullo de las aguas de un río próximo y el canto monótono de los chamanes.  

            Dentro del taller podemos ver montones de leña junto a las fragua, rollos de cuerda, cañerías de bambú, andamios, palancas, escaleras, tarimas, masas, martillos, percutores, picas, plantillas de madera, cordeles, guías y demás herramientas primitivas para dar forma a la esfera en sus primeras etapas.  

            Al la sombra de un árbol cercano, el curandero sana las heridas de un trabajador cuya pierna fue aplastada cuando se instaló el bloque.  

            Por aquí y allá hojas de platanillo revoloteadas por moscas, exhiben la brillantez otorgada por los restos del almuerzo, engullido minutos antes en tan ecológicos platos desechables.  

            Vigiladas por el capataz de la obra se distinguen las frescas tinajas que resguardan la energética chicha…  

            En un ambiente más o menos así se procedió a labrar la preforma, eliminando primero las irregularidades del bloque.  

 Exfoliación del granito

            Una propuesta interesante, basada en el hallazgo de “hojuelas de esfera” es la del uso alternante de fuego y agua en la elaboración de la preforma.

            Calentando y luego enfriando bruscamente la piedra se pueden provocar desprendimientos de capas en forma convexa.

            Repitiendo este procedimiento se desgajan mantos delgados de roca (como las capas de una cebolla) hasta lograr un canto rodado de forma cercana a la culminación esférica.   

            El procedimiento mencionado se produce gracias a la foliación o equistocidad, cualidad de algunas rocas metamórficas (entre ellas los gabros y grano-dioritas), dada por la disposición de sus materiales en planos paralelos. Esta disposición o foliación es el resultado de la reorientación de los minerales que se colocan en perpendicular a la dirección de la presión.  

            (Debemos aclarar que la técnica de exfoliación no se pudo aplicar a las esferas de material calizo.)

            En palabras más simples: si el granito presenta foliación, (capas) entonces puede ser exfoliado (escamado) para lo cual se calienta una zona del bloque recién cortado de la cantera. Ya candente la sección de piedra es enfriada con brusquedad utilizando grandes cantidades de agua fría. Después el golpe preciso del mazo para desprender la escama u hojuela de piedra, y luego repetir el proceso cientos de veces hasta que a fuerza de quitar, el bloque transmute a una forma de contundencia mas o menos redonda y así… ¡La preforma ha sido creada!  

La preforma

            Hemos llegado al mejor momento para trasladar la masa granítica redondeada, pues al bloque o núcleo de la esfera, se le ha despojado a estas alturas del proceso laboral, de una gran parte de material excedente. ¡Muchísimos kilos de peso muerto ha quedado en el camino!

          Por otra parte, acabar la obra (esto es esferisar por completo la preforma para luego alisarla y darle pulimento hasta el preciosismo) en el taller de la cantera, alejado por decenas de kilómetros de la aldea donde se expondrá, sería arriesgar la integridad del producto final a inevitables perjuicios, los cuales habrá de sufrir, en el largo y abrupto viaje hasta el punto de entrega. La tosca preforma en cambio, será capaz de soportar con estoicismo tales injurias.  

            La proeza descomunal de la mencionada transferencia nos ocupará una reflexión aparte.  

            Pero adelantaremos que a partir del logro de la preforma se realizarán muchos procesos más: esferizado, alisado, pulido, aplicación (en algunos casos) de alto y bajo relieve, pintura, etc., los cuales dependerán de la disponibilidad de recursos, tiempo y fuerza de trabajo.    

Talleres de acabado

La esfera básica

            Para la realización de las antes mencionadas etapas se contó con talleres de acabado final, ubicados cerca de los lugares de entrega.  

            Allí la imperfecta preforma alcanzará su óptima esfericidad matemática. Proceso en el cual entran a escena los artesanos expertos. Armados con guías precisas y escoplos certeros.  

            Serán ellos los responsables de la culminación de un producto denominado “esfera básica” cuya rotunda geometría deberá extremarse. Mas no corresponderá a estos primitivos geometras, ulteriores tratamientos de superficie.  

            La periferia de la recién terminada “esfera básica”, exhibe ahora su rigurosa perfección simétrica, dicha perfección parece haber sido el imperativo categórico de los artesanos “Dikís”. Sin embargo se nota en ella las decisivas huellas del puntual pero pesado cincel. Su textura es áspera, por tanto irregular. Esto no impidió considerarla a partir de este instante como lo que es, un monumento realizado.  

Tratamientos de superficie

La esfera fina

            La decisión de cuanta fuerza laboral se invertiría adicionalmente en la esfera básica, fue tomada con seguridad por los líderes sociales de los “Dikís”: Reyes, caciques y altos sacerdotes, conforme a los propósitos específicos destinados para la esfera. El hallazgo de estos monumentos, en diferentes ambientes sociales y con distintos acabados de superficie, nos indica que su utilización fue diversa.

            De tal manera, el acabado final de los monumentos se dio en relación con la importancia dada a los eventos, posiciones y lugares donde se exhibieron las esferas.

            Entre más finamente acabada estuviera la esfera, mayor valor confería al lugar de su emplazamiento.  

Uno de los grandes problemas enfrentado por el proyecto del Parque Temático de las Esferas, es que si bien Lothrop y Stone, dejaron planos del alineamiento y tamaño de las esferas, no registraron el material de las mismas, esto es no especificaron cuales eran de grano-diorita, gabro o arenisca, tampoco nos indican sus grados de pulimento.  

            Tratar la superficie de la esfera fue uno de los pasos más delicados. Requirió de escultores diestros en el picado fino y una considerable inversión de tiempo y trabajo (quizás esta fue una de las etapas mas lentas del sumario total).  

            El tratamiento de superficie consiste en una faena continua y estrecha de picar delicadamente sobre la superficie áspera de la esfera básica, con el propósito de eliminar las huellas groseras dejadas por las potentes cinceladas de la etapa anterior.

   

Alisado y pulido

La esfera preciosa

            Dependiendo de las exigencias, reales o sacerdotales, se procederá o no con las etapas subsiguientes.  

            Alisar y dar pulimento a una esfera de granito requiere de una intensiva faena de abrasión, labor por demás lenta y trabajosa.

            Para aminorar la aspereza se eliminarán las huellas del picado, alisando parcialmente la superficie.  

            Si la pretensión es una superficie suave y regular, sin huellas notorias de percusión, se procederá entonces a un alisado total.  

            A partir de la obtención de una superficie lisa y no antes se pueden iniciar los trabajos de pulido, hasta alcanzar la extensión global, resultando de ello una textura muy fina al tacto y reluciente a la mirada, donde las huellas del cincel y la percusión fina desaparecen totalmente. Las materias primas requeridas, para lograr estos finales procesos, son los abrasivos como la arena y la roca triturada. Instrumentos de desbaste fino, piedras pulidoras, cueros, etc. estuvieron necesariamente involucrados en estas labores.  

            Alisar y pulir no fue un trabajo de especialistas, pues su realización no requiere de conocimiento experto alguno.

Posiblemente esta interminable labor fue realizada por los hombres, mujeres, ancianos y niños de las aldeas mismas donde fue entregada la esfera. Quizá, pulir la esfera, fue parte de cotidianas ceremonias aborígenes, en las cuales participó la comunidad entera.  

            Desde la obtención del “núcleo de la esfera” (el bloque) pasando al desarrollo de la “preforma”, de allí a la obtención geométrica de “la esfera básica” para convertirla luego de una tupida percusión escultórica en “la esfera fina”, y después de interminables horas de lijar y bruñir, se llegó a la culminación de una de las obras más perfectas legadas por nuestros antepasados: “la esfera preciosa”  

            No cabe duda. Aquello fue una gigantesca empresa, digna de una raza de titanes, pero no imposible para nuestros aborígenes.

            ¿Acaso la humanidad, de cualquier tiempo o latitud, ha renunciado alguna vez a sus locas empresas, por más absurdas, difíciles o utópicas que estas parezcan ser?

 

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© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica ® Siböwak

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