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La dama de las esferas

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            La inesperada, y al final infranqueable dificultad burocrática para acceder a los inéditos documentos públicos de investigación arqueológica, resguardados por el Departamento de Antropología del Museo Nacional, aparte de irritarme como contribuyente, (los costarricenses pagamos por dichas investigaciones) limitaba la ya de por sí escasa información disponible acerca de las esferas.  

            Mi deseo era estudiar los resultados del proyecto “Hombre y Ambiente en el Delta Sierpe-Térraba” cuyo propósito fue el de arrojar más luz sobre el misterio de las esferas y sus creadores.  

Convencido que tal información era prioritaria para mi libro, la intransigencia de una empleada pública no iba a detenerme. Me di entonces a la caza del líder del proyecto.  

Tocando puertas con la insistencia de un vendedor de escobas, logré a través del “Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma de Barcelona”, en España, la dirección electrónica de Ifigenia Quintanilla, quien radica en tierras catalanas desde hace varios años. No pocos me advirtieron que la arqueóloga poseía una personalidad intolerante.  

            Con timidez y sin reales esperanzas de respuesta, le escribí un primer correo manifestándole mis inquietudes.  

Ante mi sorpresa, la respuesta de aquel mensaje electrónico, enviado por un perfecto desconocido, llegó a las pocas horas.  

            Con la paciencia de una maestra de pre-escolar y sin embargo tratándome con el respeto que le merece un colega, (sin pretender serlo pues desde el principio le manifesté ser artesano de oficio y escritor por vicio). Ifigenia se dio sin recelos a compartir conmigo sus conocimientos. La ausencia de recatos a la hora de exponer el avance de sus investigaciones científicas, me hizo comprender que me encontraba frente a una profesional segura de su trabajo.  

            Expiraba el mes de julio de 2004, cuando la científica me avisó que estaría en Costa Rica por unos días. Acordamos reunirnos en fecha 28, a las dos de la tarde en la cafetería del Correo Nacional.  

            -No lo conozco, cómo puedo reconocerlo- preguntó vía electrónica.  

            -Busque en la sección de fumadores a un viejo canoso. Sobre la mesa estará el libro de Samuel Lothrop, “Archaeology of the Diquís Delta  

            Con puntualidad europea se apersonó la arqueóloga. Yo tenía la ventaja de reconocerla por las fotografías de los diarios. Cuando la vi entrar al café, sentí que aquello iba a ser un dispar encuentro entre el amateur de las esferas y la profesional de peso completo.  

            Ella se encaminó sin vacilaciones directo hacia mi mesa.  

            -Un admirable investigador- dijo sin haberse sentado, señalando el libro- su obra es impresionante y abarca muchos ámbitos de la arqueología americana.  

            Sin necesidad de serias presentaciones, nuestra informal conversación inició con Lothrop y sus correrías científicas. Luego a lo que vinimos: las esferas del Diquís.

            Inicié la plática con un tema, que por falta de conocimientos no desarrollo en este libro: los petroglifos calados en épocas prehispánicas sobre la superficie de algunos monolitos esféricos.  

            -En el año de 1999, -le dije- cuando se anunció el proyecto del Parque de las Esferas, el Museo Nacional publicó una foto, la cual muestra un grabado antiguo, tallado sobre el lomo de una esfera monumental, he recorrido todo el Delta del Diquís buscando la esfera con tan particular petroglifo, y no he dado con ella, ¿Dónde la tienen escondida?  

            -No hay nada escondido –respondió sonriente - sólo hay ojos que no ven. Usted me dijo haber observado las esferas de “Finca Victoria” en Palmar y que le llamó mucho la atención una esfera que exhibe una especie de cicatriz, ya le expliqué la naturaleza de esa cicatriz. (Una formación natural en el granito) Pues esa es su esfera escondida.  

            -¡Imposible! –Exclamé- esa esfera no tiene ningún petroglifo.  

            -El calado es sutil, se realzó para la fotografía, a simple vista solo puede ser notado en algunos meses del año y en horas específicas, pero le garantizo que está allí.  

            Ifigenia no solo posee una visión especializada, producto de su disciplina académica, sino además es en extremo exigente con respecto a cualquier interpretación aventurada sobre el tema de las esferas.  

            Al comentarle la forma en que abordo, en este libro, algunas de las interrogantes en torno a las esferas me dijo:  

            -Su usted fuese antropólogo, por ejemplo, hace rato nuestra platica se habría convertido en una acalorada discusión. Su disciplina (la literatura) no le exige abordar un tema con rigor científico. Puede darse el lujo de jugar y hasta abusar con la relación de ideas y conceptos afines, puede rellenar con la imaginación los baches que la exploración arqueológica no ha cubierto aun. En fin usted puede tratar un tema como le venga en gana. Pero tratándose de esferas precolombinas yo jamás validaré ninguna propuesta que no esté estrictamente respaldada por la evidencia científica.  

            Nuestro dialogo se extendió por mas de cuatro horas, comentamos acerca de muchos y variados tópicos, girando siempre en torno a las esferas.  

            Antes de conocer personalmente a Ifigenia, la admiraba por su trabajo profesional, hoy mi admiración se extiende a su alta calidad humana.  

            No se si deba ser yo quien dé la buena nueva, pero me alegró mucho escucharla decir, que pronto saldrá al mercado su libro de las esferas de piedra. Espero impaciente dicha publicación la cual no dudo será una obra monumental.  

            -En buena hora, –le dije- después de más de trece años de excavaciones, mediciones, análisis y estudio consagrado a las esferas de piedra, celebro que su obra este lista.  

            -No Alberto –me respondió con cierto acento de severidad- después de todos estos años, quien está lista soy yo. Lista para emprender una investigación arqueológica, pues ya se: Dónde, cómo y qué buscar.

 

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© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica ® Siböwak

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