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(Capítulo XIII)

El Lenguaje de las Esferas

(Alineamientos)

 

“La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda”

Voltaire (1694-1778)

 

Ilus.13-1.Collage. Primeros registros (Siba 2010)

    La indiscriminada remoción de los arcaicos monolitos esféricos de sus contextos originales, junto a la estatuaria asociada a estos, a limitado a los científicos con respecto a la posible utilidad de las esferas en la era prehispánica, sin embargo los registros de los primeros arqueólogos, y las pocas esferas “in situ” que aun quedan en el Delta, demuestran que originalmente fueron colocadas en extensas plazas y lugares abiertos, sin restricción alguna de acceso a estos espacios sagrados y centros públicos, donde las plantaron formando intencionados alineamientos: rectos, triangulares, curvos, rectangulares, etc. Esto sugiere un uso asociado a calendarios astronómicos en función del ciclo agrícola y de las periódicas inundaciones que se dan en la llanura aluvial.

 

Ilus.13-2. Estatua de base espiga

Museo de Jade. 2010

La evidencia explorada por Lothrop y Stone, de que las esferas originalmente fueron alineadas en posiciones astronómicas significantes, es limitada pero intrigante por demás.

 

            Por fortuna se conservan los planos de aquellos primeros exploradores, los cuales grafican algunas de estas alineaciones originales.

 

            Pero los actuales investigadores, al analizar esta información no han podido obtener ninguna constante en las orientaciones registradas; sus posiciones; ni en el tamaño relativo de las esferas alineadas. A menudo grandes esferas estaban acompañadas por otras más pequeñas.

 

            Se sabe además que algunas esferas fueron alineadas en la cúspide o bajo montículos, determinando de esta manera un espacio ceremonial dentro de un sector residencial. y que la mayoría de las veces estuvieron acompañadas por menhires, de hasta dos metros de altura, esculpidos de manera antropomorfa y zoomorfa, llamados estatuas de espiga por su diseño, el cual fue concebido específicamente para ser enclavado de forma vertical en el suelo.

 

Ilus.13-3. “Mirando al cielo”

Estatua de base espiga

Museo de Jade. 2010

Este tipo único de estatuaria, igual que las esferas, son exclusivas de la región del Diquís, además comparten con ellas otra similitud: el amplio rango de sus dimensiones, que van desde unos 20 centímetros hasta los 2 metros de altura. ¿Acaso hacían los Dikís representaciones en pequeña escala de sus monumentales emplazamientos de esferas y estatuas gigantes?

 

De las pocas esculturas de base espiga que aun se pueden apreciar en los museos de Costa Rica, llama poderosamente la atención observar como algunas de ellas miran directamente al cenit del cielo. ¿Qué quisieron representar los antiguos escultores con esta clara posición de la cabeza? ¿No es esto un indicio más, de la gran vocación astronómica de los Dikís?

 

Una mañana de noviembre visité el Museo de Jade, acompañado por un chaman Bribrí. Observando una de estas esculturas me pregunté en voz alta: ¿Qué estará mirando? Al escucharme el chaman levantó su dedo índice al cielo y dijo sin vacilar: - Dúkir, lo dejaron mirando a Dúkir. 

Con este nombre los Bribrí se refieren a la estrella más brillante del cielo, Sirio.

 

Ilus.13-4. “Mirando al cielo”

Museo de Jade. 2010

Hoy los astrofísicos que estudian en épocas de equinoccio y solsticio los alineamientos de las esferas, lamentan la pérdida absoluta de la posición exacta de estos estratégicos menhires, pues al ser removidos de sus primigenios lugares, se perdió con ello la observación de las sombras y luces reflejadas por el sol, en su trayectoria anual aparente (eclíptica) y su posible utilidad como calendario astronómico.

 

            Aproximadamente 300 esferas monumentales se registraron en las primeras zonas de estudio, en la década de los años 1940. Los huaqueros y traficantes de tesoros arqueológicos, despojaron posteriormente muchas más, de las cuales no queda el menor registro. Peor suerte tuvieron los menhires asociados a las esferas. Su menor peso y su forma alargada facilitaron a los saqueadores la remoción, transporte y exportación de casi la totalidad de ellos.

 

            Se considera que más de un 90% de los monumentos esféricos han sido removidos de sus espacios originales. El 100% de los monolíticos menhires, fueron arrebatados de sus valiosos contextos.

 

Pese a que se han dado nuevos y valiosos descubrimientos de estructuras arquitectónicas y esferas en sus originales colocaciones, no se han vuelto a desenterrar las gigantescas estatuas de base espiga.

 

Ilus.13-5. Basado en los datos de Quintanilla 2004

En 1990, el arqueólogo francés, Claude-François Baudez, registra “in sito” cinco esferas alineadas (de hasta 1.90 metros de diámetro) en la actual Finca 6, Palmar Sur. Su descubrimiento han motivado nuevas interpretaciones con respecto a la cultura aborigen que las manufacturó. Según Baudez, el actual territorio costarricense fue el indiscutible lugar de encuentro de las culturas mesoamericanas y sudamericanas. A su vez considera al Delta del Diquís como la absoluta capital de las tierras altas de Chiriquí.

 

Podemos leer sus reflexiones en el libro “Investigaciones Arqueológicas en el Delta del Diquís” (1993)

 

Vemos en la figura 13-5, las posiciones de este conservado lineamiento de esferas.

 

El observador científico, con tendencias matemáticas, quedará pasmado ante las posibilidades numéricas de este conjunto de esferas. Con la indiscutible ventaja de que podrá hacer sus mediciones, investigaciones y tesis en el mismo lugar del hallazgo, pues las cinco esferas referidas, están colocadas donde sus hacedores las alinearon.

 

 Para motivar posteriores reflexiones, anotaré los parámetros registrados del conjunto de esferas mencionado:

 

1) Relación entre esferas A y B: distancia, 11.0 metros. Orientación, 80º N.E

2) Relación entre esferas A y C: distancia, 77.0 metros. Orientación, 80º N.E

3) Relación entre esferas A y D: distancia, 133.0 metros. Orientación, 18º N.E

4) Relación entre esferas A y E: distancia, 131.5 metros. Orientación, 21º N.E

5) Relación entre esferas B y C: distancia, 66.0 metros. Orientación, 80º N.E

6) Relación entre esferas B y D: distancia, 127.5 metros. Orientación, 13º N.E

7) Relación entre esferas B y E: distancia, 131.5 metros. Orientación, 18º N.E

8) Relación entre esferas C y D: distancia, 112.0 metros. Orientación, 12º N.O

9) Relación entre esferas C y E: distancia, 112.5 metros. Orientación, 17º N.O

10) Relación entre esferas D y E: distancia, 11.0 metros. Orientación, 12º N.O

 

 

Semejante “triangulación” nos para los pelos de punta… ¿De qué más fueron capaces los Amerindios del Diquís?

 

Estos descubrimientos me hacen conservar la esperanza de que pronto, las nuevas tecnologías como el radar tierra-penetrante, puedan revelar la existencia de inéditos alineamientos de esferas escondidos en las extensas capas de aluvión fino, que cubren el Delta del Diquís.

 

Finca 4 sector 36

 

Ilus.13-6.Re-dibujado de Lothrop 1963. p.21

 

 

Quizá uno de los racimos de esferas más ensayado, es el que examinó en 1948, Samuel Lothrop en la llamada finca 4 sector 36. Cuya publicación aparece hasta 1963 en su libro “Archeology of the Diquís Delta, Costa Rica” Se trata de un grupo de 6 esferas líticas cuyos diámetros veremos en la siguiente gráfica.

 

Ilus.13-7. Perspectiva basada en los datos de Lothrop 1963.

 

Posteriores análisis de este emplazamiento han sido posibles gracias al cuidado profesional de Lothrop, al medir con gran rigor científico, diámetros; circunferencias; distancias; ángulos de orientación geográfica, etc. Sus precisos diagramas es todo lo que nos queda, pues las esferas fueron removidas de sus sitios originales.

 

Ilus.13-8. Cerro Chirripó 2006.

Llama la atención que la línea del eje principal de la referida alineación, está exactamente en dirección al norte magnético y el acimut o ángulo de dirección, tiene una orientación perfecta de 360 grados con el norte geográfico.

 

Esto es posible gracias a una particularidad geográfica de Costa Rica, difícil de encontrar en otras latitudes. Aquí el norte magnético coincide sorprendentemente con el norte geográfico. Además la proyección de esta línea de eje norte, extendida en 38.33 millas, un poco más de 61 kilómetros, da en la cumbre misma del Cerro Chirripó, (Itöklë en lengua nativa) ubicado en la Cordillera de Talamanca. Esta es la cúspide mas elevada de todo el país (3820 msnm) sitio sagrado y de poder para todas las culturas aborígenes de la región, pasadas y presentes, quienes con gran respeto se refieren a él, como el Gran Siböbala (el centro de Sibö) . El inusual acimut anotado por Lothrop, ha sido de gran utilidad en ulteriores estudios de ésta específica orientación y triangulación de esferas.

 

Ilus.13-8b. Captura de pantalla desde

Google Earth 2010.

Posteriores abstracciones y especulaciones matemáticas de este particular racimo, han producido cálculos prodigiosos y por demás impresionantes, donde se infieren datos como el diámetro terrestre y su circunferencia ecuatorial, el ciclo de la nutación lunar, la presesión equinoccial, la duración del mes lunar, etc. etc. etc. (Martin Doutré 2008)

 

Algunos eruditos han tildado de folklore arqueológico los cálculos numéricos del señor Doutré, sin embargo ninguno de ellos ha explicado los antiguos requerimientos aborígenes y su precisión de diámetros, medidos por ellos mismos en varios grupos de esferas, donde se evidencia que el tamaño de las mismas y sus precisas ubicaciones dentro del conjunto, fueron de gran importancia para los sabios amerindios. Uno de tantos ejemplos podría ser el caso registrado en Finca 7, por Stone (1943) donde dentro de un grupo alineado de diez esferas, seis de ellas miden exactamente 1.52 metros de diámetro. . O bien el conjunto de 14 esferas estudiado por la misma arqueóloga en el sector 33, donde en once de ellas se registra un idéntico diámetro de 61 centímetros, dos esferas gemelas de 121 cm. Y una aislada de 91 cm.

 

Sin duda, reproducciones temáticas de estos formidables grupos de esferas, en su escala, orientación y dimensiones originales, serían de gran ayuda para los estudiosos del enigmático ¿Por qué? de las esferas.

 

En ferro-cemento estas reproducciones son relativamente sencillas, con las medidas y orientaciones dejadas por Lothrop en el alineamiento del área 36 en finca 4, solo ocuparemos los servicios de un albañil, un terreno plano de unos 30 metros de largo por 12 metros de ancho, y listo, a tender una hamaca para abstraernos y admirar cómodamente y por horas nuestro jardín de esferas.

 

Ilus.13-9. Esfera de ferro-cemento, ubicada en la Plaza de la Justicia. San José, Costa Rica 2008

Por otro lado, con las actuales herramientas tecnológicas, los genios del software pueden transcribir las coordenadas de los alineamientos en sus ordenadores, programando simuladores que reproduzcan los movimientos de la trayectoria solar en sus solsticios y equinoccios, la danza lunar y demás efemérides celestes, comparando esos itinerarios con la posición de los racimos de esferas, estableciendo posibles correspondencias.

 

Con relación a los cielos nocturnos cabe mencionar el particular interés que aun conservan los aborígenes talamanqueños por Kulë (constelación de Orión) y Yeríi (Pléyades) y sus racimos de estrellas (Békuo)

 

Y si ninguna de estas peripecias nos acerca al significado antiguo de las esferas, no importa porque nos habremos divertido a lo grande. Como sin duda se divirtió el polémico investigador estoniano Ivar Zapp, radicado desde hace más de treinta años en Costa Rica, y a quien conocí en la década de 1980, en la facultad de arquitectura de la Universidad de Costa Rica, donde ejercía como profesor de diseño.

 

Como quiera que estemos tratando el asunto de los alineamientos de esferas, vale la pena detenernos un momento en este incansable explorador.

 

            Recuerdo que la dinámica y alegre cátedra de Ivar Zapp, siempre estaba llena. Estudiantes de otras disciplinas nos acercamos a ella en calidad de oyentes. La mayoría interesados en las ideas locas del estonio, con relación a las esferas del Diquís.

 

            Con gran elocuencia nos habló de navegantes antiguos, provenientes de las islas polinesias, desechando la ocupación de la baja Centroamérica por migraciones provenientes del Estrecho de Bering.

 

            La pasión de Ivar por la navegación antigua era por demás contagiosa. Según sus ideas las esferas de piedra del Diquís fueron construidas por una raza de navegantes, con el propósito de ser utilizadas como indicadores de las antiguas rutas marítimas.

           

Ilus.13-10. Ivar Zapp.

        Todos quedamos con la boca abierta de sorpresa, cuando Ivar, valiéndose de un arcaico atlas de Mercator, nos demostró didácticamente de que manera los alineamientos de esferas registrados por Lothrop y Stone señalan rutas marítimas.

 

            Luego de explicarnos la orientación de un grupo de esferas, colocó una regla sobre el mapa y trazó con marcador rojo una larga línea recta. La tinta cruzó la Isla del Coco, pasó en medio de las Galápagos y se detuvo en el corazón de la Isla de Pascua.

 

            Repitió el procedimiento usando otro conjunto alineado de esferas y la línea cruzó Jamaica, cuba y las Islas Bermudas. Dos ejemplos más rayaron el mapa con rumbo directo hacia Giza, en Egipto y Stonehenge en Inglaterra.

 

            Para terminar de convencernos de su teoría de los navegantes antiguos, Ivar afirmó que alineaciones monolíticas semejantes a las encontradas en el Delta del Diquís, han sido descubiertas en las islas Polinesias de Arorae.

 

 Las autoridades arqueológicas costarricenses no respaldan las conjeturas de Ivar. Sin embargo, por su teoría de los navegantes antiguos, “El Centro Biográfico Internacional” con sede en el Reino Unido, ha incluido el nombre del estoniano, Ivar Zapp en su lista de los 2.000 científicos más connotados del siglo XX.

 

            Pasó el tiempo y no supe mas de Ivar Zapp, hasta que en abril de 1999, vi un libro con su nombre titulado “Atlantis in America” escrito en compañía con George Erikson. No se en que momento los navegantes polinesios de Ivar se convirtieron en atlantes, pero en verdad lamenté tal asociación literaria, pues creo que las ideas de Ivar merecían un tratamiento diferente al explotado por Erikson.

 

Ilus.13-11. Von Daniken.

         Esto me recuerda a otro escritor, quizá el primero en poner las esferas de piedra del Diquís, en la palestra de la arqueología esotérica. Me refiero al suizo Erick Von Daniken, quien visitara por primera vez Costa Rica a finales de los años 60. Vino específicamente a observarlas, luego no deja de mencionarlas en sus polémicas obras.

 

            Recordemos que los libros de Erick Von  pretenden demostrar bajo su óptica, la presencia antigua de seres de otros mundos en nuestro planeta.

 

            Daniken afirma que los monolitos esféricos de Costa Rica, formaron parte de un culto primitivo a los astros, los grupos alineados de esferas constituyeron calendarios cósmicos, reproducciones de sistemas estelares y ante todo las esferas evidencian una irrefutable huella de la presencia de los dioses en el pasado. Afirma además que la esfera es la forma más idónea para la navegación interestelar. Al menos este último punto no lo refuta la astro-física. Lo demás según los arqueólogos forma parte del inevitable folklore especulativo que gira siempre en torno a los misterios ancestrales sin resolver.

 

            Al parecer este “folklore fabuloso” es muy rentable porque siguiendo los pasos del mencionado suizo, aparece el español J.J Benítez  con su libro “Mis Enigmas Favoritos” (1993) en él dedica un capitulo entero a los monolitos esféricos del Diquís titulado “Las Esferas del Cielo” donde con magistral prosa menosprecia las investigaciones arqueológicas de científicos costarricenses y deja entredicha la capacidad de nuestros aborígenes prehispánicos para realizar semejante obra.

       

    |    Leamos uno de sus párrafos: “El misterio del Diquís tiene maniatada a la ciencia oficial quien ha fracasado en todo intento de explicar las bolas de piedra… Las esferas pétreas no parecen obra de manos humanas sino de fantásticas maquinas”.

Ilus.13-12. J.J. Benítez.

 

            Si bien es cierto, las investigaciones en el área no han dado respuesta a todas las preguntas, no podemos compartir la falsa idea de un perentorio fracaso en el intento de explicar la naturaleza de tan singulares esculturas.

 

            Es más fácil acogerse a la tesis de una civilización hundida en el océano de las edades, auspiciada por dioses tecnológicos provenientes de galaxias lejanas, que someterse a las arduas labores de la excavación y a la eterna pelea por conseguir los fondos necesarios para sostener las investigaciones.

 

            “Una cosa es leer sobre ellas y contemplarlas en fotografías y otra muy distinta examinarlas y tocarlas” -afirma el escritor de Pamplona. Lo cual comparto enteramente.

 

            Pero cuando asegura haber caminado por la espesa jungla que cubre el Delta del Diquís y la región de Palmar Sur, mi credibilidad se desmorona.

 

            A menos que haya echado mano a su maquina del tiempo para explorar la zona antes de 1939, porque no existe desde esa época en el Delta, ni mucho menos en Palmar Sur, ninguna “espesa jungla”

 

            La trasnacional bananera, borró de las tierras del Diquís y del mapa ecológico del mundo, la rica selva tropical y su diversa fauna. Quizá nuestro explorador confundió tacotales de bosque secundario, sembradíos de palma africana y cientos de bananales con espesa jungla.

 

            Asegura haber examinado y tocado (en sus correrías por la jungla) esferas de tres metros de diámetro. Nos habla de grupos de sesenta esferas y otras ficciones.

 

            Para él, las explicaciones de la arqueología solo pretenden despachar la cuestión con elucidaciones que pretenden decirlo todo y al final no dicen nada.

 

            El fabulador navarro afirma llevase bien con los arqueólogos ticos, humildes y sensatos. Estos son (según él) los que no saben ni consiguen explicarse el origen ni la finalidad de las esferas, los que se encojen de hombros y ante sus preguntas responden: “Simple y llanamente, las esferas son un misterio”.

 

            ¡No existen ese tipo de arqueólogos en Costa Rica!, todos los que conozco son profesionales serios y respetados, si bien son pocos los consagrados al estudio de esferas, ninguno se encogerá de hombros y dirá simple y llanamente: “El asunto es un misterio”.

 

            Contrario a las declaraciones de Benítez les puedo asegurar que para los científicos costarricenses, la raíz de estos misterios se halla en el hecho de no haber buscado intensivamente. Los presupuestos gubernamentales para rescate y exploración arqueológica de alto nivel, son insuficientes de frente a la gran tarea de continuar aclarando la incógnita de las esferas y sus misteriosos alineamientos.         

 

Como investigador independiente, toda propuesta que se haga entorno a las esferas de Costa Rica, ocupa de inmediato mi interés. No desprecio la imaginación, especulaciones, nuevas teorías, abstracciones o cualquier idea o aporte, por más fantástico que me parezca, pero el derrotero planteado en este libro, va orientado principalmente por la senda de los descubrimientos arqueológicos y su popularización.

 

En este aspecto los especialistas en la materia, son menos tolerantes, no obstante comparto con ellos su intranquilidad de que el público, al leer algunas imaginativas propuestas, sea desinformado.

 

Ilus.13-13. John Hoopes.

 Tal es el caso de John W. Hoopes, un atareado antropólogo de la Universidad de Kansas.

            En Costa Rica realizó varias investigaciones profesionales, su trabajo: “Establecimiento, subsistencia y orígenes de una sociedad compleja en el Gran Chiriquí es muestra de uno de ellos. Sus exploraciones arqueológicas en el país continúan y pronto veremos publicados más de sus trabajos.

           

            Con respecto a las esferas de piedra, ha escrito varios artículos de gran interés. En ellos trata de desmitificar tanta idea especulativa que genera el tema.

 

            “Desenmascarando el misterio de las bolas de piedra” es el sugestivo titulo de una de sus publicaciones.

 

            Hoopes recalca en sus comentarios:  “…las bolas de piedra de Costa Rica han sido objeto de no pocas contemplaciones seudo científicas, desde la publicación del libro “Regreso a las  Estrellas”, de Erich von Däniken en 1971. Más recientemente, el tema de las bolas de piedra han ganado atención como resultado de nuevas publicaciones, tales como “Atlántida en América, los navegantes del mundo antiguo” por Ivar Zapp y George Erikson, 1998. y “El modelo de Atlantis” por Colin Wilson y Rand Flem-Ath, 2001.

 

            He escuchado a estos autores por televisión y radio, promocionando sus obras y expresando sus increíbles ideas. Pero lo que realmente hacen es falsificar al público el conocimiento real y el estado de las actuales investigaciones acerca de estos maravillosos objetos arqueológicos.          

 

            Algunos de estos autores se presentan a menudo como "los descubridores de las esferas" pero, el hecho es que estos objetos son conocidos por los científicos desde 1940, luego que las actividades agrícolas de la United Fruit Company las pusiera al descubierto.     

 

            La investigación arqueológica de las bolas de piedra, comenzó inmediatamente después de su hallazgo. La primera publicación sobre su estudio apareció en 1943. Por tanto no son un nuevo descubrimiento, ni su datación tan antigua como pretenden estos autores.

 

            Las excavaciones arqueológicas emprendidas en los sitios con bolas de piedra en los años 50, encontraron cerámica y otros materiales típicos que se asociarán a las culturas Pre-Colombinas de la Costa Rica meridional.

 

            El gran "misterio" que existe actualmente en torno de estos objetos, tiene más que ver con la pérdida de información, debido a la destrucción de las bolas y de sus contextos arqueológicos. Ese “misterio” preocupa hoy mas a los arqueólogos que aquellos que sugieren continentes perdidos, astronautas antiguos, o viajes transoceánicos.”

 

Hasta aquí el breve extracto de las categóricas ponencias de John Hoopes.

 

            Además Hoopes sospecha que el propósito y significado de las esferas cambió al avanzar los siglos.

 

            Afirma que su fabricación fue altamente ritualística, quizá tan importante como el producto final.

 

            Cree que la forma esférica nació de la necesidad de mover objetos pesados “después de todo las esferas ruedan en todas direcciones con resistencia mínima.”

 

             Una estrellada noche de marzo 2008, me encontraba trabajando en mi taller de escultura en San José,  cuando recibí una inesperada y agradable sorpresa, la persona que tocaba mi puerta era John Hoopes, quien aprovechó su gira de trabajo en el país, para conocer al atrevido artesano que tenía plagada la Web, con artículos sobre las esferas de piedra. Sacudí el polvo de mis manos y ropa, estreché su mano e iniciamos una apasionante conversación sobre el trabajo en piedra y la maestría de nuestros antiguos escultores aborígenes. Quede admirado de la humildad, serenidad de espíritu y gran conocimiento que posee este afamado antropólogo.

 

            En el apartado siguiente les hablaré de otro exigente científico, con quien tuve la oportunidad de conversar.

 

Pero no solo arqueólogos, astrofísicos, escultores, místicos, esoteristas y demás indagadores, se interesan por lo que nos pueden decir los misteriosos conjuntos de esferas.

 

Mi amigo de juventud, Carlos Amador Muños, músico de profesión y autor de relajantes melodías: El silencio de los mares, El nido de las nubes,  El cerro de los riachuelos, Viaje al centro de uno mismo, etc. Inició en 2006 un proyecto musical sobre el tema de las esferas del Diquís.

 

Basado en las métricas, sucesiones, compases, distancias, volúmenes y direcciones de los alineamientos registrados, este loco artista es capaz de hacernos escuchar el canto de las esferas y el maravilloso coro que las acompaña con el húmedo murmullo del Rió Grande y la vivificante sonoridad del bosque tropical.

 

Remataremos este artículo con algunos diagramas y aproximaciones elaboradas a partir de los datos dejados por los primeros exploradores. Esto tan solo a manera de ejemplos y resaltando algunas peculiaridades, pues el tema de los alineamientos ya ha sido extensamente tratado en las obras de Stone (1943) Lothrop (1963) Y Quintanilla (2004 y 2008)

 

 

Mis gráficas, aportes y comentarios siguientes, solo pretenden provocar reflexiones sobre el tema de los alineamientos de las esferas.

 

 

Finca 7 Stone 1943

Ilus.13-14. Re-dibujado de Lothrop 1963. p.22

 

En julio de 1941, guiada por los peones de las fincas bananeras Doris Stone da con este monumental conjunto de esferas, dispuesto en un terreno especialmente acondicionado para ellas de unos 274 metros de largo y con clara orientación Norte-Sur.

 

Al concluir sus mediciones, nota con asombro que de las diez esculturas esféricas, seis son de idéntico tamaño, 1.52 metros de diámetro.

 

Las cuatro restantes midieron 1.76 m. Además los tres pares de esferas más pequeñas, reportan las mismas distancias y orientación una de la otra. Algunas semanas después y en este mismo sector, la arqueóloga es informada de otra esfera que yacía sepultada en el sitio. Al dragarla determina su diámetro en 2.14 metros e inclusive estima si peso en unas 13 toneladas, pero inexplicablemente Stone no vuelve a dar detalle alguno del gigantesco hallazgo y hoy no podemos establecer la relación que tuvo esta misteriosa esfera, con el resto del conjunto citado. 

 

Ilus.13-15. Perspectiva basada en los datos de Stone 1943

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Finca 5 sector 33 Stone 1943

Ilus.13-16. Re-dibujado de Lothrop 1963. p.22

 

Según las descripciones de Stone, el montículo representado en la ilustración 13-17 era una estructura ovalada de unos 45 metros de largo por 20 de ancho, bordeada por completo de muros de piedra.

 

Al excavar cerca de la pared sur, encontró las primeras ocho esferas. A unos 10 metros en dirección sur-oeste ubicó dos más. A 15 metros siguiendo el eje nor-este. Sur-oeste, descubrió tres más, completando un conjunto de trece esferas. Pero como a 30 metros en trayectoria este del montículo se escondía una esfera de 121 cm. de diámetro.

 

La primera vez que analicé los documentos de este alineamiento de catorce esferas (Stone, Finca 5 Sector 33) pensé que esta última esfera (#14) no correspondía con el racimo de trece, pero buscando información en la Biblioteca del Museo Nacional (Quintanilla 2004), me percato de su intrínseca concordancia con el resto del conjunto.

 

Su unidad está manifiesta en la progresión del diámetro de las esculturas.

 

 

 

 

Ilus.13-17. Perspectiva basada en los datos de Stone 1943

 

Veamos: Once de ellas midieron, fielmente 61 cm. cada una. (Las numeradas según ilustración 13-17 como 1,2,3,6,7,8,,9,10,11,12,y13) La cuarta esfera, de este a oeste en relación a la base del montículo, (#4) midió 91 cm. Aquí el tamaño se incrementó 30 centímetros.  Luego la #5 y la #14, midieron 121 cm., otros 30 cm. de acrecentamiento en el diámetro. (61+30=91+30=121)

 

Y si además analizamos la escala del diagrama original de Stone, notaremos (ya sin sorpresa) que la distancia entre la primera y octava esfera (ubicadas en la base del montículo) es de 30 metros. Misma distancia que separa a las esfera # 14 de la pared oeste del muro de la estructura oval. Ahora tomaremos la esfera más grande de la base del montículo (#5) y trazando una línea hacia la última esfera del grupo de tres en dirección NE-SO (#13) tendremos otros 30 metros. Una distancia similar se registra entre las esferas 8 y 12; 4 y 12.

 

Sin embargo todas estas geometrías podrían ser consideradas “folklore arqueológico” debido a que Stone, no nos da pistas acerca del procedimiento de medidas que utilizó al estudiar este inquietante grupo de esferas

 

 

Finca 5 sector 32 Lothrop 1948

 

Ilus.13-18. Re-dibujado de Lothrop 1963. p.17

 

Las anotaciones de Lothrop, acerca de su exploración en este sector, son vagas e incompletas. Quizá esto se deba a no hallar aquí, ni esferas gigantes ni orientaciones precisas, como en Finca 4 o las de Finca 7. O tal vez su desgano fue justificado por el hecho de encontrar un valioso sitio arqueológico, brutalmente saqueado.

 

Pese a esto, logra establecer las originales posiciones, gracias a los nidos o huellas dejadas por las esferas. De las siete alineadas en el lugar, dos de ellas (las marcadas con las letras A y E, en la ilustración 13-19) habían sido trasladadas por los peones de Finca 5 a la casa de su patrón.

Ilus.13-19. Perspectiva basada en los datos de Lothrop 1963.

 

En su informe de campo, Lothrop parece indicar que las esferas estaban ordenadas sobre un montículo de unos 40 metros de largo, donde además había estatuas de base espiga. Pero sus descripciones son tan escuetas que no deja nada claro y no se sabe con certeza si el conjunto mencionado estaba ordenado sobre la cumbre del montículo o en su base.

 

Exceptuando las distancias entre las esferas, la orientación de 10º este y los diámetros de las esculturas B: (.7811) C: (.7620) D: (.9552) y F: (.6604) no hay mayores descripciones de este racimo de esferas.

 

 

Finca 4 sector 23 montículo F

 

Ilus.13-20. Re-dibujado de Quintanilla 2004. p.151.

 Podemos ver en la ilustración 13-20, (re-dibujada a partir del croquis de Lothrop, 1963) otro caso de caso de alineación de esferas con estricta orientación Norte-Sur. Similar al que vimos en el conjunto de Finca 4 Sector 36, el cual estuvo ubicado a unos 700 metros de este.

 

En este mismo sector se ubicaron 3 estructuras más, y 8 esferas en sus alrededores.

 

El hallazgo sobre el montículo F demuestra que las esferas no solo se alineaban en plazas. Sino que además se crearon estructuras elevadas para emplazarlas.

 

Según vemos en el diagrama, los tamaños de este racimo, son relativamente pequeños, no obedecen a la categoría de esferas monumentales. Sobre la función especial que desempeñó este tipo de esferas, solo existen especulaciones.

 

La orientación, elevación y disposición de la estructura, la similitud en los diámetros de las esferas emplazadas allí y su relativa facilidad de moverlas, sugieren que el lugar fue una especie de observatorio, montado sobre una plataforma didáctica, donde los maestros daban instrucciones a sus discípulos. Se desconoce el precepto de aquellas enseñanzas, tan solo se sospecha que fueron de naturaleza astronómica, náutica, mitológica, o estratégica, y que también sirvieron para planificar a escala, posteriores alineamientos de esferas gigantes.

 

 

 

 

 

 

 

  

Finca 4 sector 36. Montículos y esferas

 

 

Vemos en la ilustración: 13-21  basada en el croquis dibujado por Stone 1943, cuatro montículos de dimensiones considerables. Los señalados como a) y b): tienen un diámetro aproximado de 44 metros. El c): 58 metros de largo por 29 de ancho. Y el más pequeño, d): 20 metros de diámetro.

 

Ilus.13-21. Re-dibujado de Quintanilla 2004. p.145

 Los patrones de construcción de estas inmensas plataformas, obedecen a los mismos hallados en toda esta región arqueológica.

 

Las principales estructuras arquitectónicas escavadas en el Delta del Diquís, se han localizado en los espacios comprendidos entre las fincas 4 y 6, también se han encontrado allí las más altas concentraciones de esferas monumentales. En estas áreas, los basamentos o montículos son mas altos y de mayores dimensiones, esto se debe a la naturaleza de sus suelos, los cuales han recibido la mayor carga de sedimentos provenientes de las inundaciones periódicas del Río Diquís o Grande de Térraba, obligando a los antiguos constructores a elevar sus plataformas y así proteger de las aguas sus edificaciones. Según estudios realizados por Quintanilla y Badilla en 2001, en un periodo de mil años, Finca 6 acumuló entre 160 y 140 centímetros de sedimentos, en otros sectores cercanos las capas de aluvión se calculan entre los 70 y 120 cm.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

Mapa de las fincas bananeras 1949

 

    Adjunto este mapa de las fincas bananeras con la nomenclatura dada por la “United Fruit Company” (UFCO) en 1949 a sus parcelas de siembra. Puede ser útil debido a que luego del retiro de la UFCO en 1985, algunas fincas cambiaron de nombre.

El diagrama esta basado en el reproducido por Baudéz (1993)

 

 

 

Ilus.13-22.Mapa de las fincas bananeras.

 

  

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