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(Capítulo XXI)

Petroglifos

 

“Ciencia es todo aquello sobre lo cual siempre cabe discusión”

José Ortega y Gasset (1883-1855)

 

           

Ilus. 21-1. Petroglifo abstracto, sobre la Fila Grisera.

Con este nombre se designa a los caracteres prehistóricos grabados en rocas. La palabra proviene de los términos griegos “petros” (piedra) y “glyphein” (tallar)

            Estos surcos sobre las rocas son considerados como símbolos previos a la escritura y su uso en la comunicación data de muchos miles de años.

 

            Para algunos expertos, los petroglifos son la representación de una simbología fonética, por tanto formaron parte de la estructura lingüística del grupo aborigen a quienes se les atribuye. Las inscripciones en ellos, se disponen en función del sistema ideológico de una cultura dada.

 

Ilus. 21-2.Petroglifo Zoomorfo, Guayabo de Turrialba.

            Generalmente, quienes estudian estas piedras grabadas, recurren al práctico sistema de analogías y correspondencias, para descifrar los engañosamente caóticos trazos de los petroglifos. Este método ha demostrado ser eficaz y relativamente simple, cuando se trata de representaciones del mundo concreto. Donde con facilidad se puede interpretar la figura de un hombre, un jaguar, un rostro, un lagarto, una planta de maíz etc., aunque las formas caladas estén escasa, o por el contrario, artísticamente delineadas.

 

            Pero cuando hablamos de petroglifos abstractos, la dificultad de su interpretación es directamente proporcional al grado de exterminio de la cultura que los plasmó.

            Aquí el procedimiento analógico se torna exigente y requiere de gran intuición y disciplina por parte del investigador.

 

            Tal es el caso de los tres ejemplos que les narraré a continuación: 

 

 

Un muy probable mapa estelar

 

           

Ilus. 21-3. “Mapa Estelar” re-dibujado de O´Reylly 1979

Allá por 1970 un joven fotógrafo norteamericano y aficionado a la astronomía, llamado Michael O’Reilly F. se instala en un apartamento de dos plantas en el pequeño poblado de Moravia, ubicado a unos 7 kilómetros al noreste de San José. La ubicación de la vivienda le permite observar, con ayuda de un telescopio, los cielos meridionales, Dicha contemplación apasiona sus noches, pues el muchacho proviene de latitudes septentrionales, y aquello era para él “cielos nuevos”

 

Ilus. 21-4.Guayabo de Turrialba 2008

            Cinco años más tarde, visita en la provincia de Cartago el Monumento Nacional de Guayabo, (sitio arqueológico de acceso público) Este místico lugar descansa en las faltas del volcán Turrialba, envuelto por un paradisíaco bosque pluvial premontano. Fue ocupado desde el año 1000 antes de Cristo, hasta el 1400 después de Cristo. Allí se protegen los vestigios de una arcaica ciudad, atribuida a los aborígenes Huetares. Calzadas; puentes; tumbas; grandes basamentos de piedra de hasta 4.5 metros de altura y 30 metros de diámetro; tanques de captación y acueductos; esculturas impresionantes y petroglifos misteriosos, demuestran el excelso desarrollo de aquella civilización olvidada, poseedora de una ingeniería civil, una arquitectura y un desarrollo urbanístico que se extiende a lo largo de mas de una veintena de hectáreas, aunque solo una pequeña parte ha sido excavada.

 

            Caminaba Michael muy de mañana por el adoquinado que bordea un amplio montículo, (vetusto basamento donde se erigiera en el pasado una descomunal edificación de madera y palma), cuando sus desarregladas tenis tropezaron con una laja del empedrado camino, aprovecha el momento para amarrar los cordones de sus zapatos y observa que la piedra de su tropiezo está ligeramente inclinada y posee un singular petroglifo, mismo que le evocó la representación primitiva de una araña. Apuntó su lente fotográfico a la piedra, pero como su objetivo era documentar la estructura de un antiguo acueducto, que milagrosamente aun funciona, decidió economizarse el cuadro y continuó su caminata por los senderos de Guayabo. Sin embargo la imagen primitiva de aquel gravado le venía insistente a la memoria.  

           

Ilus. 21-5. Calzada. Guayabo de Turrialba 2008

Empezaba a caer la tarde, cuando una traviesa analogía irrumpió en su pensamiento, “Ese petroglifo parece una carta estelar” Entonces corrió hacia el lugar de su hallazgo, con la intención de ganarle la caída al sol y salvar la indispensable luz para sus disparos fotográficos. Sudoroso y sin aliento, logro capturar la imagen de la piedra utilizando los últimos cuadros del royo.

 

            Invadido por la ansiedad, el joven fotógrafo se encerró en su cuarto oscuro y procedió sin dilación a revelar las imágenes. De inmediato advierte que el petroglifo esta dividido en 24 sectores, misma técnica usada en las actuales cartas siderales.

 

Ilus. 21-6. El petroglifo en cuestión,

removido dela calzada,

para evitar su deterioro. 2004

            La madrugada lo sorprendió hurgando entre su amplia colección de mapas estelares. Pero ninguno concordaba con los primitivos trazos de la piedra.

 

            El aire estaba impregnado ya con el aroma del café recién chorreado, Michael, en su desvelo, estaba a punto de desechar su descontextualizada idea, pero su testarudez le obligó a desplegar un plano más.

Este mostraba los cuerpos celestes ubicados bajo el cielo meridional. El mapa contenía los puntos astrales, visibles desde un rango de latitud sur de -90 ° y los -60°. Michael quedó perplejo al corroborar como el moderno mapa estelar encajaba a la perfección con el petroglifo de Guayabo.

 

Ilus. 21-7. Analogías y correspondencias del petroglifo.

(Re-dibujado de O´Relly 1979)

 

            El 25 de Marzo de 1979, en la sección “Áncora” del periódico La Nación de Costa Rica, publicó las reflexiones de Michael O'Reilly con respecto al tentativo mapa estelar de Guayabo. Su artículo “Guayabo Sky Map Stone” se puede leer completo en: http://www.zurqui.co.cr/crinfocus/stone/stone.html

           

La hipótesis de Michael, nace en principio de la incomprensible sincronicidad de que es capaz nuestro pensamiento analógico. Luego vemos como este investigador nos completa su idea, basándola en argumentos lógicos y racionales, entregándonos como resultado un análisis metódico, serio y por demás intrigante. O'Reilly concluye su trabajo diciéndonos:

Ilus. 21-9.Dibujo realizado en

ordenador.

 

            1. El petroglifo en la piedra de Guayabo representa un primitivo mapa del cielo meridional, ubicado exactamente entre los -90° y -60° grados de latitud sur.

 

            2. Quienes concibieron el mapa, comprendían el movimiento de la esfera celeste a tal nivel que logran colocar el punto del observador en la precisa latitud de +10° norte.

 

            3. Pese a considerar que el petroglifo representa un calendario astronómico, veo que no se enfoca a los movimientos lunares ni en la ubicación de estrellas, señala en cambio objetos no estelares como puntos de interés. Esos hitos les permitieron calcular el día mas largo del año (solsticio de verano) las mayores épocas de precipitación pluvial etc. Es posible que la piedra fuera un instrumento didáctico utilizado por los chamanes de la época

.

           

Ilus. 21-8. Carta estelar. Analogías y correspondencias 

(Re-dibujado de O´Relly 1979)

 Michael O'Reilly reconoce en su artículo no ser científico, pero tiene la esperanza que arqueólogos y astrónomos profesionales, conforme el rigor de sus disciplinas, tomen en cuenta sus observaciones de la piedra mapa de Guayabo y de esta manera se llegue a considerar o descartar su hipótesis.

 

            La Arqueoastronomía no ha tenido ningún desarrollo en Costa Rica. Esta ciencia estudia la visión, que poseyeron los pueblos antiguos de los cielos diurnos y nocturnos. Se basa en el descubrimiento, estudio, y comprensión de los monumentos y artefactos que nos legaron las culturas del pasado. Nuestros antropólogos no consideran descabellada la idea de un complejo conocimiento astronómico por parte de aborígenes costarricenses. Sin embargo no tenemos estudios en esta dirección.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una Posible Constelación Precolombina

 

           

Ilus. 21-10. Esfera con petroglifo. Museo Nacional de C.R 2007

Son en verdad escasas las esferas de piedra encontradas con petroglifos calados en ellas. Hasta el año 2007, únicamente tenemos reportes arqueológicos de diez ejemplares con grabados. Muchas de estas esferas ocultaron por siglos los diseños cincelados en ellas, bajo la gruesa capa de líquenes que el tiempo acumuló en sus lomos. Por tanto es muy probable que conforme se limpien los monumentos aparezcan más de estos entallados.

 

            En el Museo Nacional de Costa Rica, se puede observar un buen ejemplo de estas esferas adornadas con calados.

 

            La muestra está seccionada por la mitad, pero en uno de sus hemisferios se puede observar un intrigante tallado, cuyas complejas formas fueron cinceladas con firmeza en la superficie de la piedra.

 

            El estilo particular de este complejo petroglifo no es raro verlo a lo largo de todo el territorio nacional, sin embargo el hecho de estar inscrito en una esfera, ha llamado la atención de algunos investigadores.

            Inscripciones precolombinas similares a esta, han sido consideradas como indicadores geográficos, signos rituales, emblemas de clanes, sitios ceremoniales, de poder, etc.

 

            Navegando por Internet atraqué en un interesante sitio, edificado por el costarricense Edwin Quesada. Titulado “Una posible constelación precolombina”

 

            Este imaginativo profesional de la informática y amante de los cielos nocturnos, luego de observar con detenimiento la mencionada pieza, se sintió cautivado por la espiral que se encuentra en la parte inferior del diseño. Dicho remolino dentro del conjunto del gravado, le evocaron las constelaciones de Pegaso y Andrómeda en cuyas inmediaciones se encuentra la inconfundible espiral de la galaxia M31.

 

            Desde entonces las neuronas de Edwin no lo dejaron en paz hasta lograr una interpretación astronómica coherente del gravado.

           

 

Partiendo de la sospechosa espiral, nuestro investigador se enfocó en realizar un estudio comparativo de las constelaciones de Pegaso, Andrómeda y de algunos agrupamientos estelares vecinos.

Ilus. 21-11. Analogías y correspondencias del petroglifo.

 

            Edwin advierte que el perfil de una constelación se delinea conforme a las diversas interpretaciones culturales que un grupo étnico en particular, puede dar a un conjunto de estrellas en el firmamento.

 

            Las formas constelares de Pegaso y Andrómeda, tal como hoy las conocemos, fueron dibujadas bajo la concepción de los pueblos mediterráneos. Por tanto una constelación precolombina en la misma zona estelar, reunirá un conjunto muy diferente de estrellas.

 

            Este racimo de luceros jamás delineará un caballo, cosa que no conocían nuestros aborígenes prehispánicos, mucho menos con alas (Pegaso). Ni la estilización de una princesa de contexto griego (Andrómeda)

 

            Renunciando al paradigma europeo, Edwin comparó las líneas del petroglifo en la esfera de piedra, con las agrupaciones estelares de la específica región cósmica, logrando sin mucha dificultad una constelación de 22 estrellas y sus grupos principales en concordancia con los objetos estelares más sobresalientes.

 

            Concluye que el petroglifo en la esfera, representa no solo una carta celestial, sino además un practico planetario, aunque rudimentario, funcional.

 

            Para admirar los originales detalles de este estudio comparativo pueden visitar la página de Edwin Quesada en: www.geocities.com/paris/9111/index.html

 

 

Parallax

 

Ilus. 21-12. Parallax

Al ser la esfera la representación por excelencia de la equidistancia, el reflejo de cuerpos celestes en su lomo, producirá un mínimo paralaje (“parallax”). Se denomina paralaje a cualquier alteración en la posición relativa aparente de los objetos, producidos por un cambio en la posición del observador. Por ejemplo, si señalamos un objeto a la distancia con el dedo índice y el ojo izquierdo cerrado, al cambiar la visión hacia el otro ojo, veremos como nuestro índice ya no señala el objeto. Eso es paralaje.

 

Dicho concepto es muy utilizado en astronomía y conforma un conjunto de técnicas para determinar distancias estelares, cuya unidad de medida es el pársec (paralaje-segundo)

 

Una de las maravillas de las esferas de piedra y el ancestral misterio que las abriga, es la cantidad de abstracciones y especulaciones que podemos hacer en torno a ellas.

 

No sería descabellado pensar en el uso prehispánico de la esfera, para observar los cielos nocturnos desde su lomo y marcar allí las trayectorias celestes o bien estampar una posición fija.

 

Ilus. 21-13. Cerámica pintada con

curiol

A manera de entretenimiento, cierto día me enfoqué en valorar esa posibilidad. Fabriqué una pequeña esfera de granito (25 cm. diámetro) le di un concienzudo pulimento, la humedecí y la expuse al cielo abierto. Pero mi esfera no produjo ningún reflejo estelar identificable.

 

Entonces recordé la aseveración de algunos investigadores, los cuales afirman que las esferas fueron pintadas con fines rituales.

 

Experimenté con algunos pigmentos vegetales, animales y minerales usados en épocas prehispánicas, obteniendo excelentes resultados con los engobes de curiol, un colorante mineral rico en óxidos, que emerge como ofrenda de la tierra en ciertas épocas del año, regalándonos rojos brillantes, negros profundos y blancos marfilados. Estos pigmentos minerales son actualmente utilizados por los artesanos ceramistas para decorar sus piezas.

 

Ilus. 21-14. “Mirando al Cielo” Collage Siba 2010

“Cazar Curiol” como definen su obtención algunos aborígenes de Costa Rica, fue una experiencia única. El blanco es generoso y se puede rastrear entre las montañas en casi cualquier época del año. El rojo es caprichoso y escurridizo, se debe perseguir en silencio, pues cualquier ruido provocará que se esconda. El negro es casi imposible cazarlo en las montañas, hay que seguir sus huellas cerca de las costas.

 

Ilus. 21-15. Aloe Vera

Pinté mi esfera con curiol negro. El espeso pigmento cubrió toda huella de cincel, obteniendo así una superficie suave, liza y brillante, pero al secar la pintura, mi esfera adquirió un tono mate, negro plomizo, incapaz de reflejar ninguna luz sideral. Intenté devolver la brillantez atomizando agua… mala idea, el pigmento se diluyó. Debía encontrar algún tipo de barniz natural para recuperar la negra transparencia de mi esfera.

 

¡Sábila! (Aloe Vera) la espesa savia de sus hojas devolvió el brillo y la profunda negritud a mi esfera. Si bien el efecto como barniz solo dura algunas horas, pude humectar repetidas veces la hemisférica superficie sin diluir la pintura negra y ver por fin reflejada la luz astral en su mágico contorno.

 

Los cielos bajos y contaminados de la ciudad frustraban mis contemplaciones.

 

Di tiempo a la llegada de los despejados firmamentos que emergen a finales del mes de diciembre, arrastrando sus vertiginosas noches sin luna, y escapé con mi redondo observatorio portátil hacia la Península de Osa, para refugiarme en Corcovado en la selvática finca de mi amigo Alfredo Vargas. Donde pasé los días, peligrosamente enajenado en la contemplación de mi pequeña y negra esfera.

 

Ilus. 21-16. “Tejiendo estrellas” Collage Siba 2010

 

 

Ilus. 21-17.Posible reflejo estelar

en una esfera gigante

El desplazamiento aparente de algunos puntos astrales y las trayectorias que formaban a través de la curvatura de la esfera, eran alucinantes. La posibilidad de unir esos puntos para generar figuras, simplemente infinitas.

 

Después de pasar muchas horas diarias embebido en el asombro, mi conducta adquirió matices obsesivos y hasta delirantes a tal punto que hoy no puedo definir que parte de mis observaciones venían de los reflejos estelares y cuales de una entelequia atrapada por aquellos destellos cósmicos.

 

Como fuera, considero muy factible el uso antiguo de esferas de piedra como observatorios celestes y precisos calendarios siderales.

 

Y no dejo de pensar en el reflejo de cuerpos celestiales en el hemisferio de una esfera gigante, donde su lomo fuese tratado de manera similar a la descrita.

 

  

Ilus. 21-18. Hipotético alineamiento de esferas, basado en la observación estelar.( Collage, Siba 2010)

 

 

 

 

 

 

Un primitivo sistema de información geográfico

           

Ilus. 21-19. Imagen cortesía de Guillermo Quirós, 2008

 

En el año 2004, el físico y oceanógrafo Costarricense Guillermo Quirós Álvarez, presentó su revelador análisis de 23 petroglifos, todos ellos ubicados en 7 sitios arqueológicos, descubiertos sobre la Fila Grisera, en el Delta del Diquís.

 

Ilus. 21-20. Petroglifo de la Fila Grisera, 2010

           

Ilus. 21-21. Analogías y correspondencias entre petroglifos

y ubicaciones geográficas

Re-dibujado de Quirós 2004.

Sus estudios comparativos le permitieron evaluar que aquellos amerindios del neolítico, habían observado cuidadosamente su entorno y los fenómenos físicos relevantes, bajo el desarrollado ambiente de una organizada cultura, cuyo elemento central giró en torno del agua y su dinámica. Deduce la utilización del ángulo y la escala geométrica, instrumentos necesarios para realizar aquel primitivo: “Sistema de Información Geográfica” (SIG) El cual es una representación, mediante símbolos, de la distribución espacial, de las características de infraestructura, naturales o sociales de una región, con el cual lograron identificar, situar y referir apropiadamente: Cerros, aldeas, nacientes, golfos, bahías, desembocaduras e islas.

 

            Para este exigente científico, la descripción de fenómenos por medio de una representación simbólica, debe de ser: coherente; universal y lógica. Estos tres componentes los encontró de manera palpable en los petroglifos del Diquís, donde sus trazos guardan relaciones de simetría. Su interpretación es válida para la generalidad de los casos. Y existe una clara correspondencia entre las características de la simbología y el fenómeno que representa.

 

            La incuestionable disposición geométrica de estos petroglifos, le permitió establecer una interpretación geográfica de conjunto.

 

            Al referirse a su descubrimiento nos dice:

 “Los petroglifos emergen como un testimonio escrito que trasciende el tiempo y permite ayudar a comprender la verdadera estatura intelectual y el conocimiento adquirido por aquella cultura

 

Ilus. 21-22. Analogías y correspondencias entre petroglifos

y ubicaciones geográficas

Re-dibujado de Quirós 2004.

            En páginas anteriores comentamos que las esferas de piedra del Delta del Diquís, presentan una ruptura, a nivel de estilo, con respecto a las formas típicas de la estatuaria amerindia, cuyas manifestaciones culturales giraron en torno al mundo de la percepción sensorial, con modelos animales, vegetales o humanos.  Los petroglifos del Diquís quebrantan también aquellos prototipos tradicionales. El cincel primitivo de estos singulares aborígenes de la baja Centroamérica, desvió su calado de las acostumbradas líneas antropomorfas, y de las representaciones clásicas del zoomorfismo, etc. Para concentrarlo a motivos de elaborada abstracción. Sus laberínticos surcos en la roca, según los estudios mencionados, expresan de forma sistemática, los conocimientos geomorfológicos de aquella enigmática cultura.

 

 

            Esta deducción y conocimiento solo se consigue por una cultura después de muchos años de observación metódica y cuidadosa. Ello indica la comprensión adecuada de al menos un principio universal naturalista por la clase intelectual de aquella sociedad.”  Enfatiza el científico.

 

            El por demás profesional trabajo de don Guillermo Eladio Quirós Álvarez.

Titulado: “Los petroglifos del Diquís, Costa Rica: un SIG primitivo”

Disponible en: www.sibowak.com /reportajes.  Sorprenderá a doctos y laicos.  En él podrán admirar los diagramas de 23 petroglifos milenarios, y sus correspondencias análogas con nuestros modernos sistemas de información geográfica. Mismos que gracias a las computadoras han sido posibles en los últimos 20 años.

 

 Extraemos del mencionado estudio la siguiente nota:           

 

 

Correspondencia entre petroglifos y esferas de piedra

 

Ilus. 21-23. Analogías y correspondencias entre

lineamientos de esferas y petroglifos.

Re-dibujado de Quirós 2004.

“La simetría en los arreglos de los petroglifos y el uso consistente de las escalas geométricas, nos impulsó a comparar la disposición de esferas reportado por Lothrop (1963:21), hallado en el Sitio Finca 4 ubicado en la planicie de inundación al nivel del mar; con el reciente hallazgo de Sol-Castillo (2001), en el Sitio Buena Vista ubicado 10km al norte de las esferas y a 300m de altura.

El resultado es una analogía sorprendente. La Fig.3 compara ambas disposiciones.

*Al carecer aquella cultura del compás magnético, fijaban la línea imaginaria este-oeste y no el norte como referencia geográfica, debido a lo fácil que resulta medir la dirección de la sombra proyectada por el Sol. Tal estimación tiene una desviación natural importante a lo largo de un año (~ 22°), lo cual puede resultar en la ubicación desalineada de los glifos respecto de las esferas. A lo anterior hay que agregar el error de campo y el desplazamiento geológico en los últimos 1000 años.

De la comparación geométrica resulta:

Los arreglos geométricos constan de 6 esferas y de 6 petroglifos, lo cual establece una relación biunívoca numérica.

La orientación predominante del eje principal de ambos arreglos es este-oeste.

La escala básica denominada l y L; corresponde al lado del triángulo equilátero (inferior). En un caso es de 3 metros de largo, en el otro es 10 veces mayor; o sea 30 metros.

Ambos arreglos consisten en dos triángulo semejantes separados entre sí convenientemente, de tal forma que resulta sencillo visualizar los dos grupos de elementos del conjunto y entender que entre ambos se pueden establecer relaciones de semejanza matemática.

Cada arreglo tiene una escala diferente, pero lo sorprendente es que a su propia escala ¡la distancia entre los dos triángulo es la misma en ambas figuras: 9m en las esferas y 90m en los petroglifos !. O en su propia escala 3 veces la escala básica (3l, 3L).

El triángulo superior es isósceles. La relación de sus lados es similar: el cociente 2L/1.5L es congruente con el cociente 2.3l/2l.

Los ángulos de estos triángulos son los mismos.

Dentro de este marco lógico-matemático estas figuras se refieren a un mismo concepto expresado mediante dos formas geométricas congruentes: la distribución geográfica de los principales accidentes hidrológicos, fundamentales para la vida en aquella sociedad.”

 

Ilus. 21-24. petroglifo sobre esfera.

Dibujado en ordenador

Es interesante señalar que dentro de la extensa llanura aluvial conformada por el Delta del Diquís, no se han registrado importantes grupos de petroglifos, asociados directamente a los emplazamientos de esferas. Estas colocaciones intencionadas o alineamientos se dieron en la llanura a intervalos espaciales menores a un kilómetro de distancia entre los distintos conjuntos o racimos de esferas.

 

 Dentro de estos contextos se han descubierto estructuras arquitectónicas, estatuaria, cerámicas y evidencias de un notable desarrollo urbano, pero pocos petroglifos.

 

No obstante en la “Fila Grisera” que constituye el límite natural hacia el noreste del Delta, sí se han visto innumerables petroglifos asociados a sitios con esferas. Esta misma situación se a registrado en el “Sitio Java” ubicado en el Valle de Coto Brus, en Brisha-Crá, y en las riveras del río Diquís o Grande de Térraba.

 

El análisis de los petroglifos hecho por el doctor Quirós, nos indican que los antiguos hacedores de esferas, ubicaron sus observatorios geográficos, sobre estas cumbres,  por otro lado los grupos de esferas alineadas en el valle, conformaron sus observatorios astronómicos.

 

 

 

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